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jueves, 31 de julio de 2014

La Hielera de Los Tormenta

En esta ciudad, el clima está loco. A mitad del verano, el calor es totalmente soportable, lo cual permite a Ernestina sentarse al mediodía en su mecedora a observar el ir y venir de las personas.
Hoy se ha dado cuenta que terminó el curso de verano del templo frente a su casa; "escuelita de verano" decía la manta que colgaba de la barda  de la casa improvisada como templo.
Pancrasio y Lucresio quitaron la manta. El primero funge como "pastor" y el segundo, según Tina, es el de relaciones públicas. Son hermanos, ambos atractivos, sin ser guapos. Tina piensa que con esos nombres y rostros encajarían muy bien en la lucha libre.
"Los Hermanos Tormenta"; imagina Ernestina que los presentan en la arena, ataviados con antifaz para no cubrir sus bellas sonrisas. También imagina que Santo y Blue Demon, sus luchadores favoritos, suben al cuadrilátero y le ponen una chinga a los Tormenta.
Los llama así no por un asunto climático, si no por que son un tormento desde que llegaron. Cada domingo Tina soporta los cánticos del servicio religioso de sus vecinos, ella que es atea.
Este año ha tenido pocas lluvias, pero ella quisiera que unos cuantos rayos quemaran el templo.
Para colmo a Los Tormenta les entró la onda del reciclaje y van por las casas del vecindario pidiendo que les junten por separado materiales específicos.
Pancrasio, que es el mas formal, el mayor, el casado; habla con las personas ancianas. Lucresio, el joven, soltero y carismático, va con las mujeres jóvenes y no tan jóvenes.
Ernestina solo lo mira, lo escucha y lo deja creer que su carisma la convence. La vida la ha hecho observadora de su entorno; si se quiere sobrevivir sola, debes aprender a observar, analizar y concluir lo que puedes o no esperar de los que te rodean.
Ahora hay muchas "religiones" nuevas, piensa Tina, por que la gente esta escasa de fe.
Por alguna razón, su instinto de preservación la hace desconfiar de esos dos. Cada momento libre los observa. No logra levantarse temprano los domingos; pero ha visto que después del servicio sacan una gran hielera entre los dos, la suben al auto de Pancrasio y se van. Nunca ve cuando llegan de mañanita, ni cuando la bajan.
Supone que llevan bocadillos para la congregación, pero curiosamente parece no estar vacía cuando la llevan de regreso al auto.
Pasan los días, el sábado Tina y su marido Pantaleón se fueron a cenar ahí cerquitas de la casa a un puesto de tacos de tripas y ubres.  El domingo muy temprano, los torzones sacaron a Ernestina de la cama mientras León seguía a pierna suelta roncando sin parar.
Al regresar del baño, una vez liberado el diablo que traía dentro, miró por la ventana en el preciso momento en que bajaban la hielera. Pancrasio llevaba la tapa y Lucresio el resto vacía. La salida igual que siempre, entre los dos cargando la hielera como si estuviera pesada.
Mientras desayunaban la tradicional barbacoa de los domingos, Tina le contó a Pantaleón lo que veía y las conclusiones a  las que llegaba.
Según ella, cada domingo hacían en el patio el servicio normal; pero al terminar, pedían a alguien se quedara y realizaban algún satánico ritual por eso la hielera se veía pesada, ahí sacaban el cuerpo descuartizado.
León masticaba concienzudamente  mientras la escuchaba elucubrar terribles ideas con los ojos muy abiertos como siempre que imaginaba.
-¿Cómo la ves?
León la miró un momento mientras con la lengua intentaba sacarse barbacoa de entre los dientes.
-Lees demasiadas novelas de misterio, esa Agatha Christie es muy mala influencia para tu imaginación. ¿ A poco no te has fijado que los lunes siempre hay "cáscaras de cebada" en la banqueta de a lado? Deben pedirle cheve a los feligreses.
-Tú estas loco Pantaleón, algo malo pasa ahí después del servicio religioso.
Pasaron los meses, todos los domingos la misma rutina; antes de navidad Los Tormenta mudaron el templo a otra parte de la ciudad.

Ni Tina ni León supieron que carajos había en la hielera de Los Tormenta.

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