En esta
ciudad, el clima está loco. A mitad del verano, el calor es totalmente
soportable, lo cual permite a Ernestina sentarse al mediodía en su mecedora a
observar el ir y venir de las personas.
Hoy se
ha dado cuenta que terminó el curso de verano del templo frente a su casa;
"escuelita de verano" decía la manta que colgaba de la barda de la casa improvisada como templo.
Pancrasio
y Lucresio quitaron la manta. El primero funge como "pastor" y el
segundo, según Tina, es el de relaciones públicas. Son hermanos, ambos
atractivos, sin ser guapos. Tina piensa que con esos nombres y rostros
encajarían muy bien en la lucha libre.
"Los
Hermanos Tormenta"; imagina Ernestina que los presentan en la arena,
ataviados con antifaz para no cubrir sus bellas sonrisas. También imagina que
Santo y Blue Demon, sus luchadores favoritos, suben al cuadrilátero y le ponen
una chinga a los Tormenta.
Los
llama así no por un asunto climático, si no por que son un tormento desde que
llegaron. Cada domingo Tina soporta los cánticos del servicio religioso de sus
vecinos, ella que es atea.
Este
año ha tenido pocas lluvias, pero ella quisiera que unos cuantos rayos quemaran
el templo.
Para
colmo a Los Tormenta les entró la onda del reciclaje y van por las casas del
vecindario pidiendo que les junten por separado materiales específicos.
Pancrasio,
que es el mas formal, el mayor, el casado; habla con las personas ancianas.
Lucresio, el joven, soltero y carismático, va con las mujeres jóvenes y no tan
jóvenes.
Ernestina
solo lo mira, lo escucha y lo deja creer que su carisma la convence. La vida la
ha hecho observadora de su entorno; si se quiere sobrevivir sola, debes
aprender a observar, analizar y concluir lo que puedes o no esperar de los que
te rodean.
Ahora
hay muchas "religiones" nuevas, piensa Tina, por que la gente esta
escasa de fe.
Por
alguna razón, su instinto de preservación la hace desconfiar de esos dos. Cada
momento libre los observa. No logra levantarse temprano los domingos; pero ha
visto que después del servicio sacan una gran hielera entre los dos, la suben
al auto de Pancrasio y se van. Nunca ve cuando llegan de mañanita, ni cuando la
bajan.
Supone
que llevan bocadillos para la congregación, pero curiosamente parece no estar
vacía cuando la llevan de regreso al auto.
Pasan
los días, el sábado Tina y su marido Pantaleón se fueron a cenar ahí cerquitas
de la casa a un puesto de tacos de tripas y ubres. El domingo muy temprano, los torzones sacaron
a Ernestina de la cama mientras León seguía a pierna suelta roncando sin parar.
Al
regresar del baño, una vez liberado el diablo que traía dentro, miró por la
ventana en el preciso momento en que bajaban la hielera. Pancrasio llevaba la
tapa y Lucresio el resto vacía. La salida igual que siempre, entre los dos
cargando la hielera como si estuviera pesada.
Mientras
desayunaban la tradicional barbacoa de los domingos, Tina le contó a Pantaleón
lo que veía y las conclusiones a las que
llegaba.
Según
ella, cada domingo hacían en el patio el servicio normal; pero al terminar,
pedían a alguien se quedara y realizaban algún satánico ritual por eso la
hielera se veía pesada, ahí sacaban el cuerpo descuartizado.
León
masticaba concienzudamente mientras la
escuchaba elucubrar terribles ideas con los ojos muy abiertos como siempre que
imaginaba.
-¿Cómo
la ves?
León la
miró un momento mientras con la lengua intentaba sacarse barbacoa de entre los
dientes.
-Lees
demasiadas novelas de misterio, esa Agatha Christie es muy mala influencia para
tu imaginación. ¿ A poco no te has fijado que los lunes siempre hay
"cáscaras de cebada" en la banqueta de a lado? Deben pedirle cheve a
los feligreses.
-Tú
estas loco Pantaleón, algo malo pasa ahí después del servicio religioso.
Pasaron
los meses, todos los domingos la misma rutina; antes de navidad Los Tormenta
mudaron el templo a otra parte de la ciudad.
Ni Tina
ni León supieron que carajos había en la hielera de Los Tormenta.
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