Cuando
el flamante novio fue a ver al padre Cósimo, este le advirtió que no contarían
con el apoyo de los padres de la muchacha y que él no quería arriesgarse a
enemistarse con Don Tacho. La verdad es que el hombre y sus hijas dejaban muy
buenas limosnas y además Doña Gertrudis era la presidenta de La Vela Perpetua,
organización de madres dedicadas a velar por las buenas costumbres y el recato
de los ciudadanos del pueblo y también aportaban buen dinero a la Iglesia.
Jerónimo
entonces le aseguró al padre que no insistiría mas y se fue al pueblo cercano
donde el padre Atanasio no puso objeción a la boda. Así fue como un viernes,
Ignacia con el pretexto de ir a confesarse, salió de la casa a las 4 de la
tarde y se dirigió al templo, pasó de largo y dos calles mas allá, Jerónimo la
esperaba para irse a casar.
Esa
noche en la casa de Don Tacho todo fue un caos, la niña Nachita no aparecía y
se fueron al templo a buscarla, Cósimo al saber de la desaparición de la
muchacha entendió todo, y para no tener líos decidió no decir nada; si el
hablaba, Don Tacho le reclamaría por no ponerlo sobre aviso de las intenciones
de su hija.
Cuando
la noticia corrió por el pueblo al día siguiente, un caporal de otro rancho fue
a avisarles que había visto a la niña con Jerónimo por el camino de San
Bartolo, pero como él presumía en la cantina ser el novio de la muchacha, no
pensó mal. Doña Gertrudis azotó en el piso de la impresión, Don Tacho mordía su
puro como si se tratara de su ahora yerno, sus hijas y las criadas corrían de
aquí para allá tratando de socorrer a la mujer en el piso.
Y como
el caporal ya le había contado a su mujer, para ese momento el chisme a través
de las criadas había recorrido todo el pueblo; en la cantina Rogaciano se
encargó de dar la noticia, sin fijarse que iba entrando el caporal de Cutberto
que de inmediato dio media vuelta y se fue a galope a contarle a su patrón.
Para
medio día, la casa de los Rodas era el centro de reunión de los acaudalados del
pueblo, Don Fleto y su esposa Ernestina, Cutberto y sus padres, las solteronas
Justina y Petra Huerta y Rubeólo Diospadre. Los únicos que no parecían
consternados eran los Chávez, su hija se había escapado con Frausto González,
pobretón que, según ellos, había salido muy trabajador.
Todos
ocuparon los sillones de la sala, mas algunas sillas que trajeron las criadas,
esperaban a que éstas terminaran de servir limonada para las señoras y coñac
para los señores hablando del clima y otras banalidades. Acto seguido, Don
Fleto que no se andaba con rodeos dijo que "la cosa no era para
tanto" y explicó las bondades de su yerno Frausto; Cutberto de un salto se
puso en pie y contó como aquel se daba vuelo presumiendo el dinero del que
ahora disfrutaba y como fingía trabajar para quedar bien con su suegro al que
llamaba "viejo imbécil". e Yo jamás me expresaría así del padre
de mi mujer, finalizó el novio despreciado. Don Cuchufleto estaba rojo de
vergüenza y coraje y su mujer amenazaba con hacerle segunda en la lloradera a
Gertrudis que no soltaba el pañuelo y gemía suavemente. Apenas Atanasio iba a
tomar la palabra, cuando apareció Ana, la criada mas vieja de la casa,
anunciando que en el recibidor estaban Nachita y su marido; Tacho y Trudi
salieron disparados al recibidor donde Jerónimo recibió la bienvenida de su
flamante suegro con un estruendoso puño en la quijada que lo dejó tambaleante
mientras su suegra abrazaba a Nacha y le reclamaba su proceder inmoral.
Cutberto
apareció para zarandear a Jerónimo, tenía que fingir que Ignacia le importaba,
aunque también se sentía humillado por ella. Rubeólo intervino para calmar los
ánimos, mientras en la sala las solteronas Huerta rezaban asustadas. Tacho ya
mas calmado pidió silencio y se dirigió a su hija.
Sigo atrapada en la historia. Casi imaginándome una escena así en mi pueblo cuando una muchacha de familia se fugaba con el novio.
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