No me
gusta perder, pero perder personas, mascotas… Puedo perder en un juego o
competencia y no me importará, siempre y cuando me divierta.
Cuando
era muy niña, mi padre se fue de la casa y de cierta manera lo perdí; ya no lo
veía a diario. Él siempre fue muy expresivo, me hacía falta por que mi madre no
era dada a las manifestaciones afectuosas. Ella demostraba a través de
acciones, la comida, hacernos ropa en su vieja máquina de coser, etc.
Ver a
mi padre los fines de semana era una fiesta, una personal. Mis hermanos estaban
enojados por que se fue a vivir con otra mujer. Para mi, esos eran problemas
entre mis padres, yo lo extrañaba.
Me
acostumbré a verlo así, cada semana o cada dos. Luego mi madre enfermó. Cáncer.
En
medio de su ignorancia y orgullo tonto, dijo que no se sometería a una
mastectomía, que si se moría sería toda de una vez. En parte pensaba que si le
quitaban un pecho, las posibilidades de recuperar a mi padre se anularían.
Pasó
por quimioterapia, perdió casi todo el cabello, adelgazó, siempre tomando
pastillas para dolor. Yo no entendía bien, suponía que se aliviaría en algún
momento como si fuese una gripe.
Finalmente
ocurrió. Se murió toda de una vez.
La
lloré, mucho. Luego en la adolescencia me enojé con ella, nos dejó, no se
esforzó por mantenerse para nosotros, no le importamos. No lo dije a nadie por
que en parte sentía que era la única que pensaba así; y de cierta forma me
sentía equivocada, pero no podía dejar de sentirme molesta. La odié por
importarle más perder un pecho que la vida.
Yo no
quise tener hijos, haciendo memoria, no recuerdo haber sentido jamás el deseo
de ser madre.
Ya como
adulta y con muchos de esos sentimientos por mis padres adormecidos; corrí al
encuentro de mi hermana mayor que acababa de perder a su esposo por más de 30
años.
Ella
estaba hospitalizada. En medio de su dolor, salieron muchos temas, uno de ellos
mi madre. Fue cuando me di cuenta que no era la única que estaba enojada porque
no se cuidó para estar más tiempo con nosotros.
Solo
una vez soñé a mi madre, y no me hablaba, era como si yo no estuviera frente a
ella. Descubrí que a mis hermanas les pasó lo mismo. ¿Porqué la soñamos así las
tres sin saber del sueño de las otras? No lo se. Quizás las tres nos sentimos
ignoradas por ella.
Desde
aquella infancia, odio perder un ser querido. Duele, y es un dolor que no calma
una pastilla. Es un dolor del alma.
Solo
con mi padre no lo sentí tan fuerte, por que arreglé mis asuntos con él durante
sus últimos años de vida.
Con mi
madre siempre quedaron cuentas pendientes. Cuentas que hoy al expresarlas,
siento que voy saldando aun cuando ella no está para responderme. Escribir es,
en este momento, mi forma de sacar esos sentimientos negativos para limpiarme.
No
quiero seguir cargando con este lastre.
Tengo
que aprender a perder.
Creo que todos tenemos que aprender a perder. ;)
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