Entrada destacada

Amor en otoño

Era la temporada de higos, Micaela había recolectado los más maduros para preparar una mermelada; llenó una gran palangana. Después de cenar...

sábado, 14 de febrero de 2015

El ardido

Al abrir la puerta del baño, una nube de vapor flotó por la habitación. Altagracia Rubicunda se bañaba siempre con agua muy caliente, aún en verano.
Sobre su cama, la esperaba un fabuloso vestido de noche listo para estrenar. Envuelta aun en la toalla, se dispuso a secarse el cabello; había decidido llevarlo suelto y lacio.
Mientras arreglaba su cabello y aplicaba maquillaje, hizo un recuento de su vida adulta.
Contaba ya con 32 años, tenía un hijo de catorce y un solo hombre en su vida. Su novio desde secundaria y hasta bachillerato, se convirtió en su marido.
En plena fiesta de graduación le dio la noticia: "Samuel, estamos esperando un hijo".
Él estaba feliz, se casaron 15 días después.
Altagracia pasó muchas dificultades durante su embarazo, Samuel tuvo mucha paciencia y consideraciones con ella durante ese tiempo.
Finalmente nació Samuelito muy sano; pero ella ya no pudo volver a tener hijos. Samuel se quedó con ganas de una hija.
Diez años, los primeros de Samuelito, fueron de dicha, luego comenzaron las ausencias de su marido y las peleas, finalmente después de 12 años de matrimonio, llegó el peor día de su vida.
Samuel le confesó que tenía otra mujer, que esperaba una hija de él y estaba por nacer.
Se separaron en buenos términos, dentro de lo que cabe, pero Altagracia quedó devastada y decepcionada.
Recordaba todo esto por  que precisamente ese día cumplía dos años divorciada.
Cuando comentó ese detalle con Ernestina, su compañera de oficina, esta le respondió sonriendo que aprovechara la boda de su jefa para festejar sus dos años de libertad.
¿Pero cual? Pensaba Gracia. Desde que se divorció no había salido con nadie, no faltaron invitaciones pero estaba decepcionada. Su único amor la había traicionado, no confiaba en nadie.
Escuchó que llamaban a la puerta, Samuelito preguntó quien era, su papá iba por el los fines de semana. Gracia terminó de arreglarse mientras los escuchaba hablar en la sala. Solo le faltaba el perfume, nunca lo usaba, se lo habían regalado en el intercambio de regalos en la oficina. Se puso un poco y salió a despedir a su hijo.
Ambos se pusieron de pie cuando la vieron salir, Samuel apenas pudo disimular lo bella que le parecía su exmujer, pero el jovencito exclamó:
  • Mamá, te ves mas bonita que nunca, ¿te pusiste perfume? Que bien huele.
  • Buenas noches Gracia. Dijo Samuel tratando de no pasar su mirada por la bien formada anatomía de la mujer; y es que el vestido le quedaba como guante.
  • Buenas noches Samuel, gracias por llevarte a Samuelito desde hoy, no podía negarme a asistir a la boda de mi jefa, pero tampoco quería dejarlo solo. Y tú hijo, pórtate bien.
Cuando subieron al auto, Samuelito le preguntó a su papá si le parecía guapa Gracia. Pobre Samuel, carraspeaba sin saber que responder y terminó por cambiarle el tema. Mientras el niño le contaba las peripecias de su semana escolar, Samuel no podía dejar de pensar en lo hermosa que estaba Altagracia.
Ernestina y su novio llegaron por Gracia, los tres eran padrinos de la boda, Erne y su novio de lazo y Gracia y otro empleado de arras.
Ese otro empleado, Leovigildo, siempre mal encarado y de escasa conversación; sería el compañero de baile de Gracia, cosa que no le hacia nada de ídem.
Una ves cumplido el protocolario baile de los novios y el acompañamiento de familiares y padrinos, los compañeros de oficina de Gracia se dedicaron a prodigarle toda clase de piropos, nunca llevaba el cabello suelto a la oficina, ni vestía tan entallada. El que ya no la dejó en toda la noche, fue Leo.
Lo sorprendente para todos es que no había ni sombra de mala cara en su rostro, se le veía atento y excesivamente educado para con Gracia, algo empalagoso en su trato. Se encargó de no permitir que nadie mas bailase con ella. A ella le daba igual, solo estaba ahí por compromiso.
Aunque si notó el cambio en su carácter, y le pareció agradable, no significaba que le gustara. No era mal tipo a final de cuentas, pero daba la impresión de no saber que decir, aun en ese momento.
Al finalizar la fiesta, Leovigildo se ofreció a llevarla a su casa, Ernestina y su novio ya andaban bastante pasados de copas por lo que Gracia aceptó, pues Leo no había bebido en toda la noche.
  • Bien, llegamos, no sabía donde vivías. Dijo Leo. Pero estaba mintiendo, la había seguido algunas veces, le gustaba desde que ella llegó a trabajar a la empresa.
  • Si, aquí vivo, muchas gracias Leo, nos vemos el lunes.
No existió la clásica frase "aquí tienes tu casa" ni nada de esas finuras. Notaba el interés de Leo y no quería que se tomará literal una simple frase de cortesía. Pero aún así, Leo sintió que ya podía visitarla.
Sabía que estaba divorciada, que tenía un hijo, que le gustaba la nieve de chocolate y nuez. Una vez que la había seguido, fue a un supermercado, tuvo que estarse escondiendo tras los estantes. También sabía que tenía el auto en el taller, así que el lunes llegó por ella, aunque no se lo había pedido.
Gracia había ido caminando a llevar a Samuelito a casa de un compañero cuya madre iba a llevarlos a la escuela. La mujer la invitó a desayunar y se ofreció a llevarla a su trabajo, así que cuando Leovigildo llegó, ya no estaba en su casa.
Durante la jornada laboral, el la observaba cada vez que tenía oportunidad, así se dio cuenta que esa tarde le entregaban su auto, Gracia no se enteró que él la había buscado esa mañana.
Poco a poco fue entablando amistad con ella, se sentaba a su mesa a la hora de comer y la acompañaba a su auto en el estacionamiento a la salida. Las compañeras no disimulaban y pronto radio pasillo tomó como nota principal el próximo romance en puerta. Leo escuchaba los rumores y sonreía, Altagracia que nunca andaba en esos menesteres, no se enteraba de nada.
El viernes Leo se animó y la invitó a cenar, quedaron de verse en el restaurant. Ella había aceptado por que lo veía como un amigo y creía que el sentimiento era mutuo.
El hombre iba dispuesto a declararse, contrario a su costumbre, estuvo muy platicador toda la cena; Altagracia disfrutó la conversación; pero al llegar el postre, Leo se puso serio.
  • Gracia, poco hemos convivido desde que empezaste a trabajar con nosotros, se que tu hijo ocupa gran parte de tu tiempo libre, no quiero interferir con eso, pero si me gustaría que tu y yo fuéramos pareja.
El mismo estaba sorprendido que tantas palabras hubieran salido se su boca. Gracia lo miraba asombrada y sorprendida, nunca lo había oído hablar tanto y no esperaba una declaración de nadie, menos de él.
La cuenta llegó y le dio tiempo a Gracia de pensar como rechazarlo sin que se sintiera ofendido.
  • ¿Qué me respondes?
Dijo Leo, bastante nervioso.
  • Debes saber que en mi vida solo he estado con un hombre, mi exmarido, pensaba que esa relación sería para toda la vida y aunque ya pasaron dos años de su final, aun no me siento preparada para relacionarme con nadie mas. Yo… no puedo, de verdad, discúlpame.
  • Entiendo.
Salieron del lugar cada uno sintiendo incomodidad, el por haber abierto su corazón y ella porque no previó sus intenciones.
Leo volvió a su mutismo y malas caras en el trabajo, todos entendieron que el romance no sucedería; aunque no dejaban de preguntarse como pasó, surgieron rumores de todo tipo; pronto se olvidó todo cuando se enteraron que la empresa sería auditada.
Cada año se realizaba, pero este se había adelantado por agenda de la nueva empresa auditora. Leovigildo pudo al fin estar tranquilo al dejar de ser blanco de indirectas que solo buscaban información de su fallido intento con Altagracia.
Un lunes muy temprano llegaron los auditores, y el ambiente se puso tenso. Era como revivir los días de exámenes escolares.
Mientras un auditor revisaba la PC que usaba Gracia, ella permanecía  de pie a un lado respondiendo preguntas del mismo o mirando el resto del lugar aburrida.
No alcanzaba a ver la entrada pero escuchó murmullos que llamaron su atención, cuando por fin vio el motivo del revuelo, sintió mariposas en el estómago.
El hombre que llegaba era el causante, jamás lo había visto pero la puso nerviosa. El se detenía con cada auditor a charlar, cuando se dirigía a su escritorio, a Gracia comenzaron a temblarle las piernas. Él la miró brevemente y saludó, ella intentó responder el saludo y solo emitió algunos sonidos extraños, cosa que le causo vergüenza y enrojeció, Hermenegildo, pues así se llamaba, no lo notó pues ya estaba hablando con el auditor.
Cuando terminó, Gracia ya estaba mas controlada.
  • Señorita, me llamo Hermenegildo Buenrostro, soy el jefe de auditores, cualquier duda, por favor consúltela conmigo.
Y decía esto mirándola a los ojos y entregándole su tarjeta de presentación.
Esa noche soñó con él, se despertó sudando y agitada, nunca había tenido un sueño así, intenso, apasionado.
Toda la semana tuvo esos sueños, lo veía diario y él se acercaba a charlar con cualquier pretexto. Y los rumores regresaron, si ya de por si Leo era taciturno, se volvió bastante enojón, escuchaba los chismes de sus compañeros y odiaba al auditor.
Cuando la auditoría terminó y la empresa entregó su informe, Hermenegildo llamó a Gracia para invitarla a salir, ella aceptó encantada; una semana después la secretaria del contador los vio muy acaramelados saliendo del cine. Se volvió el tema de conversación en la oficina y la actitud de Leo cambió. Volvió a hablarle a Gracia, pero solo para lanzarle indirectas hirientes como: "Los hombres con dinero solo toman como diversión a las mujeres" o "las divorciadas no son tomadas en serio por los empresarios".
Ella no hacía caso de sus comentarios, estaba feliz. Ernestina era la que respondía a Leo recordándole que seguía viviendo con sus padres y que olía a solterón y amargado.
Leo se dedicó a divulgar que Hermenegildo era un mujeriego y estaba jugando con Gracia, que solo la veía como un trofeo del cual se cansaría muy pronto. De tanto repetirlo, sus compañeros empezaron a ver con lástima a la mujer.
Todo terminó el día que el mismo Hermenegildo fue a entregarles a todos, incluso a Leo, las invitaciones para su boda con Gracia.
Fue un evento a todo lujo, los novios estaban radiantes de felicidad. Leovigildo acudió solo para morderse los labios de ver como otro le ganaba la mujer que el quería y no supo conquistar.

1 comentario:

  1. Me gusto la personalidad de Altagracia, muchas veces por miedo a la soledad nos apresuramos, tomamos malas decisiones y nos vemos metidos en una relacion peor que la anterior, nuestra vida se convierte en un infierno. Gracia sabia bien lo que quería y espero. porque conformarnos con una persona que no nos llena? Tener confianza y esperar porque los tiempos de Dios son perfectos!!

    ResponderEliminar