Durante una mañana especialmente calurosa Prístino Morales de la Torre, salía del gym después de dos horas de intenso ejercicio. Le gustaba mantenerse en forma y con la musculatura marcada.
Esta afición le había reportado grandes beneficios. Prístino estaba considerado como un posible candidato a la alcaldía de Pueblo Roñoso. Había hecho fortuna con el negocio de la comida. Era dueño de veinticinco carros de tacos y burritos estratégicamente distribuidos en Roñoso y poblaciones aledañas.
Su clientela era principalmente femenina. Se había fijado que iban a comer para verlo, cuando creció el negocio se ocupó de contratar jovenes atractivos para mantener la clientela femenina y no femenina que se interesa por personas de su mismo sexo.
De un puesto de tradicionales tacos de barbacoa, después también de burritos y tortas, fue añadiendo ingredientes e inspirado por los foodtrucks neoyorkinos decidió crear un menú gourmet.
Entre la novedad de sus platillos y la galanura de los empleados, el negocio creció. Ahora no solo ofrecía su producto enlas banquetas, solicitaban sus servicios para eventos sociales y después políticos. Así fue como terminó metido hasta los codos en el partido más fuerte del estado.
Pero no nos perdamos en detalles. Prístino salió del gimnasio climatizado y de inmediato sintió el calor que emanaba del pavimento calentado desde temprana hora por los inclementes rayos solares. Ahí mismo empezó a sentirse mareado y algo débil.
Llegar a su auto se estaba convirtiendo en una titánica tarea, entre más caminaba, más lejos lo veía. Sacó las llaves y como pudo abrió la puerta, ahí mismo se desvaneció y quedó recargado en el asiento del conductor sin llegar a subir. Estuvo así durante varios minutos, con las piernas desnudas expuestas al concreto caliente del estacionamiento.
Samoria Fastuosa lo rescató, una ambulancia lo trasladó al hospital mientras ella llevaba el vehículo último modelo del empresario tras la misma.
Las enfermeras y doctoras se peleaban por atenderlo. Finalmente Lemorio Vitté, médico general, se coló entre el jaloneo de mujeres y tuvo que ponerle suero solo porque las enfermeras seguían discutiendo a quién le correspondía ese piso.
Samy esperó y esperó hasta que el galeno se acercó a darle informes pensando que ella era su pareja.
Claro que no lo desmintió, llevaba seis años tras los huesos de Pris y no iba a desperdiciar la ocasión.
Se anotó como su prometida; y ya que el hombre no tenía familia, nadie podía desmentir oficialmente.
Una vez fuera de peligro, el casi candidato fue dado de alta. No sabía cómo deshacerse de la mujer. No le parecía repulsiva, es más, era algo atractiva, pero no como para comprometerse. Durante meses no lograba desembarazarse de ella.
Finalmente Aparicio Melendez le dio la idea. Pari, como lo llamaban en su ambiente transformista, llegó una mañana al puesto que estaba atendiendo Prístino.
— Hola querido, dame tres baguettes de atún que estoy a dieta. Ya supe que te casas, ¡te me escapaste vivo cabrón! — Y se carcajeaba.
— ¡Cállate imbécil! No se que hacer ya. — Esto último lo decía inclinado en la barra del camioncito de comida para no ser escuchado por los demás clientes. — Necesito librarme de esa mujer y ya no se que más hacer. He probado siendo frío, grosero, indiferente, antipático, le coqueteo a otras. ¡Nada!
— Pues si quieres te doy un beso, pero te puede gustar. — Y sonreía coqueta y burlonamente.
Ellos eran amigos desde la infancia, luego sus caminos se separaron cuando ambos pusieron en evidencia sus gustos. Pris era un incorregible mujeriego y Pari gustaba de los atuendos femeninos.
No dejaron de verse ocasionalmente, y ahora Pris estaba tentado a permitir que Samoria creyera que sus intereses amatorios eran otros para librarse de ella definitivamente.
Después de mucho pensar, llamó a Pari. Se pusieron de acuerdo y el fin de semana llevaron a cabo el maléfico plan.
Prístino le dijo a Samoria que tenía una reunión con miembros del partido y no podría verla ese sábado. Lo hizo tan perfectamente mal, que ella empezó a temer que fuera a verse con otra mujer y lo siguió. Él entró a un hotel de paso sin ocultarse, dejó su auto enfrente de la puerta de la habitación que rentó y minutos más tarde llegó Pari con su mejor vestido, pantimedias y tacones.
Ambos miraban desde la ventana de la habitación con binoculares como Samy resollaba dentro del auto que conducía, estacionada en la acera de enfrente del cinco letras. Cinco minutos después, arrancó rechinando los neumáticos y se fue furibunda.
— Objetivo logrado, creo que me merezco un beso. — Decía Aparicio al tiempo que fruncía los labios aguantando la risa.
— ¡Quítate pendejo! — Prístino sonreía feliz.
Salieron del lugar cada cual a sus asuntos. Más tarde Pris fue convocado a una urgente reunión en las oficinas del partido.
— Morales, tenemos un dilema. — Así fue recibido por el presidente del partido. — Entra, siéntate. Acaba de irse Samy. No se que está pasando pero ella asegura que tú no eres hombre.
— Ya se, me vio en un hotel con un amigo.
— Entonces ¿no lo niegas?
— No. Si por eso me descartas para la candidatura, lo entenderé. — Esta situación también le servía para zafarse de la política, sabía que descuidaría sus negocios si se iba de campaña.
— ¡Al contrario! Hemos visto el éxito que tuvo el esposo del primer ministro de Luxemburgo en la cumbre de la OTAN. Es el momento de ser inclusivos con la comunidad LGBT. Tu sabes que ya se aprobaron esos matrimonios en la capital. Podemos financiar la boda.
Esta historia...
CONTINUARÁ...
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