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miércoles, 7 de octubre de 2015

El cadáver (Microrelato)

Pomponio Aguarrancia llegó como cada mañana a su negocio, nada más abrir, desactivo la alarma y se dispuso a acomodar la mercancía que había recibido el día anterior. Cuando entró a la bodega, se encontró con un cadáver.
Se quedó mirándolo un minuto, se rascó la barba, se olió el bigote levantando el labio hacia la nariz. Se puso en cuclillas para verlo mejor. Sacó el celular y llamo a Chicolina Malpaso.
  • Lina, buenos días.
  • Buenos días Pomponio, ¿ahora que quieres? - La mujer denotaba fastidio en la voz, el sujeto no le agradaba pero él se empeñaba en llamarla, buscarla. Sus amigas le decían que se notaba el gran interés del hombre en ella.
  • Necesito de tus habilidades, hay un cadáver en la bodega del negocio, pero ven sola.
  • ¿Estas loco? Llama a la policía primero, hay un protocolo a seguir. ¿Tu lo mataste?
  • ¡Claro que no! - Dijo Pomponio acariciando un rojo pétalo que había arrancado a una de las 24 rosas que compró antes de llegar al trabajo. - Cuando llegué ya estaba aquí.
  • ¿Y la alarma?
  • Si se hubiera activado, me habrían llamado de la centralita, pero todo estaba en orden, salvo el cadáver…
  • La cerradura…
  • Nada, no se ve forzada, quien entró no hizo destrozos. Necesito que veas esto antes que nadie, por favor. -Suplicó Pomponio.
  • Ya me intrigaste; debería esperar a que pidan un criminólogo, o sea yo, voy para allá.
Aguarrancia sonrió muy contento, la había convencido. Cerró la bodega, atendió un par de clientes y cuando llegó Chicolina cerró el negocio para que ella analizara a su gusto.
La mujer sacó del auto su maletín y se dispuso a revisar la evidencia. Revisó la cerradura de la puerta de acceso, el tablero de la alarma y la puerta de la bodega.
  • Pues no se ve nada irregular, y lo peor es que creo que en la zona que no entran tus clientes solo voy a encontrar tus huellas, lo que te hará sospechoso. - dijo mirando el enorme ramo de rosas.
  • Bueno, deja abro la bodega.
A la criminóloga le intrigaba lo tranquilo que estaba, no parecía preocuparle ser sospechoso y menos que hubiera un cuerpo sin vida en su negocio.
Pomponio se adelantó para encender la luz, Lina solo veía mercancía apilada y ordenada sobre tarimas.
  • ¿Dónde está el cuerpo?
  • Por acá. -Dijo Pompo, y se perdió detrás de una pila de cajas de aceite de cocina.
La mujer se acercó a donde él estaba en cuclillas mirando el cadáver, abrió los ojos sorprendida y gritó.
  • ¡Eres un idiota! ¡Estúpido!
Pomponio sonreía maliciosamente, levantó el cuerpo de una pata y lo acercó a Lina.
  • ¡Quita esa cucaracha de mi rostro! ¿Para eso me haces perder el tiempo? - Salió de la bodega y luego se dio cuenta que había olvidado el maletín, regresó por el y se topo de frente a Pomponio que la tomo por la cintura y la besó en la boca.
El enojo se fue, el beso la dejó volando y al mismo tiempo sorprendida de que le hubiera gustado tanto. No pudo moverse, le temblaban las rodillas, se quedó con la mejilla apoyada en el pecho del hombre que hace unos segundos le parecía tan desagradable.
  • Ya no sabía que hacer para que entiendas que me estoy enamorando de ti. - Dijo él con aliento entrecortado por la emoción.
Empezó a caminar sin soltarla, hasta que llegaron a donde tenía el ramo de rosas. La soltó y tomando el ramo se arrodilló y dijo:

  • Una rosa por cada mes que tengo pensando en ti.

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