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viernes, 11 de septiembre de 2015

El soltero

Después de soportar un verano infernal y terriblemente seco, Nemorio Ventura decidió que era hora de casarse. Y ¿el clima que tiene que ver? Bien, Nemorio era bastante caluroso y muy friolento, después de mas de 25 años de pasar noches frías, desde que se interesó en las mujeres, por fin decidió acabar con eso.
Había tenido mujeres, si, pero nunca había pasado una noche entera con ninguna, a lo que iba y hasta luego.
No se había preocupado jamás por formar una familia. Pero ya era tiempo de dejar  la soltería. No por presiones familiares o sociales, esas desaparecieron cuando su familia y amigos se cansaron de insistirle el día que cumplió 38 años.
Simplemente sentía que el momento había llegado, era cosa de encontrar la indicada.
No quería una mujercita sumisa, le gustaban las mujeres luchonas, emprendedoras, expresivas, decididas. Pero no veía muchas así y  si se topaba con una, estaba ya casada.
Eso no lo desanimaba, Nemo era optimista. No le interesaba tener hijos, así que la edad le importaba sombrilla.
A pesar de que todos sus amigos eran casados, el tenía una intensa vida social, solo. Iba al teatro, cine, fiestas, todo evento social que lo invitaran, era conocido como un empedernido soltero.
Claro que lo asediaban las mujeres, Era alto, fornido, limpio, no era una belleza pero gustaba.
En las fiestas siempre era el primero en buscar pareja para bailar y el último en dejar de hacerlo.
Pero siempre notaba que las mujeres que se acercaban a él, era por su solidez económica, "mantenidas" pensaba.
Después de decidir que estaba en el momento justo para establecer una relación sería, llegó la oportunidad.
Su amigo Ifigenio Torzón daba una fiesta por su aniversario de matrimonio, como Ifi sabía que Nemo era de ambiente, no dejaría de invitarlo, y así fue.
  • Nemo, que bueno verte - Le dijo Ifigenio cuando se lo encontró en la fila del cine.
  • Que tal Ifi, Rubicunda como estas?- Contestó Nemo saludando a la pareja.
  • Parece que vamos a ver la misma película, Rubí dice que es demasiado violenta.
  • Bueno a las damas les gustan más las románticas, ¿verdad Rubicunda?
  • Así es Nemo, y me sorprende que lo sepas, ya que al ser soltero…
  • Jajajaja, bueno es que he conocido demasiadas damas.
Rubicunda hizo un gesto negativo con la cabeza mientras sonreía, ya estaba resignada  a ver al amigo de su marido, solteron. Tantas mujeres que le había presentado y Nemo no daba color.
  • Antes de que entremos deja que te invite, este sábado damos una fiesta en el salón Jardín, Rubí y yo cumplimos 18 años de casados. En la semana paso a dejarte la invitación, espero contar con tu asistencia.
  • ¡Ah! Felicidades de antemano, y claro que ahí estaré.
Entraron al cine y tomaron sus lugares separados, a Nemo no le gustaba tener gente hablándole mientras veía una película.
Al salir ya no vio a la pareja, pero estuvo pensando que regalarles por su aniversario, mientras cenaba unos tacos en un puesto cercano al cine. A pesar de ser un hombre de buena posición económica, no olvidaba sus orígenes humildes y disfrutaba como cualquiera una comida callejera.
Pasaron los días, aun no sabía que obsequio comprar para sus amigos, en la oficina vio que las mujeres estaban conversando animadamente y viendo un folleto en la hora de descanso. Se acercó por curiosidad y le comentaron de un nuevo spa que acababa de abrir sus puertas en la ciudad. Mas tarde llamó al lugar y pidió informes, efectivamente como pensó, tenían paquetes de masajes para parejas, así que fue y compró un servicio para regalarle a Ifi y Rubí. El vale de regalo le fue entregado en un bonito sobre, ya ni necesitaba quebrarse la cabeza por regalos y envolturas.
En ese mismo spa, vio a una bella mujer, saco y falda, tacones, bien peinada y maquillada, le pareció atractiva y luego se olvidó.
Ya en la fiesta, bien vestido, recibió un sonoro beso en la mejilla, era Rubicunda muy emocionada por el vale de regalo que le había entregado.
Estuvo bailando con cuanta mujer se atravesó en su camino, y volvió a ver a la guapa del spa, pero iba acompañada, así que no bailó con ella.
Él no lo sabía, pero esa dama era la dueña de el spa y acababa de llegar a la ciudad a abrir una franquicia. Soltera, independiente y atractiva. Diómedes la había invitado, conocido de Nemorio, viudo con 6 hijos, y administrador del nuevo negocio.
Antes del brindis por los festejados, Diómedes se acercó a presentarle, o presumirle a su pareja.
  • Nemo, que tal, buenas noches, te presentó a Tiburcia Pocaspulgas, mi jefa en Relax Spa.
  • Hola Tiburcia.
  • Hola Nemo, mucho gusto. - Dijo la mujer con cara de pocos amigos. Nemo pensó que era bella pero poco expresiva.
La verdad es que Tibu estaba bastante incomoda, no conocía a nadie y que su administrador la pretendiera para madre de sus consentidos hijos no le gustaba.
Había aceptado acompañarlo para conocer potenciales clientes, Pero Medes estaba pensando que ya casi la conquistaba. Ya se veía un domingo en el parque con sus hijos y la bella mujer, paseando de la mano.
Como el hombre estaba emocionado, fue presentándola con todo el mundo en la fiesta, la incomodidad se fue, pues era recibida cordialmente. Medes terminó solo cuando las damas acapararon a Tibu para preguntarle sobre el spa, primer negocio de ese tipo en la ciudad.
Luego Diómedes tuvo que irse cuando le llamó la nana de sus hijos avisando que el menor tenía fiebre, Tibu le dijo que ni se preocupara por dejarla ahí, las mujeres no dejaban de hacerle preguntas, el no pudo pedirle que lo acompañara, corria el riesgo de ser linchado por las damas.
Tiburcia se sintió liberada, ni loca iba a ira a cuidar hijos ajenos, si no había tenido propios.
Nemo aprovechó la oportunidad y rescató a la hermosa mujer de las preguntas repetitivas que le hacían. Bailaron el resto de la noche y terminada la fiesta, Nemo la invitó a tomar un ultimo trago al bar que no cerraba hasta que salía el sol.
A partir de ese día comenzaron a salir, él se dio cuenta que era la mujer que había buscado para casarse. Organizó una romántica cena y le pidió matrimonio, velas, flores, fresas, en fin. Tibu emocionada aceptó la propuesta.
Los amigos de Nemo estaban encantados con la noticia, menos Medes. Tibu que ya había hecho amigas en la ciudad, fue homenajeada con una despedida de soltera.
Comenzaron los preparativos y Tiburcia viajó a su ciudad para invitar a sus padres a conocer a su futuro esposo y ordenar el vestido de novia.
No regresó, había salido de casa de sus padres a hacerse una prueba del vestido. Nemo viajó y allá se enteró que encontraron el auto de Tibu desvalijado en un camino vecinal.

Durante años la buscó, jamás la encontró.

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